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De vuelta a la estantería

Lectura para Todos

Y, de repente, retrocedemos 100 años en el tiempo... El país está paralizado por una epidemia. Una enfermedad sobre la que aún no tenemos control. Todos estamos expectantes, ansiosos, congelados, en un aislamiento autoelegido. Hay un silencio surrealista en nuestras ciudades y en nuestra economía. Así es como se debieron vivir las plagas en los siglos anteriores. “La enfermedad se ha extendido por todo el país”… es una frase que nos resulta familiar de los libros de historia, pero que estamos experimentando ahora mismo en nuestras vidas. Y sí, ahora estamos en casa. Todavía trabajando, es verdad, pero aún así en casa. Fuera, el silencio. No hay ruido del tráfico, de las tiendas y restaurantes cercanos, de las personas que pasean. Por muy irreal que parezca, y por muy desagradable que sea la razón, tiene algo de pacífico. Como si la vida se quedase en pausa. No sé cómo te va, pero yo de reprente encuentro el tiempo para hacer cosas que en otros momentos se quedan olvidadas. Las cosas que siempre cuelgan en la parte inferior de mi lista de tareas, a las que nunca llego. Leer, por ejemplo. No, no es una errata. Leo constantemente, las pilas de libros al lado de mi escritorio y cama son una prueba tangible de esto, pero la gran mayoría de esas lecturas son parte del trabajo del editor, la lectura que es necesaria para que nuestra editorial funcione, revisar los libros, ver si son adecuados. La lectura de la que estoy hablando ahora es la lectura “voluntaria”. La lectura en la que mi estantería de libros vuelve a ocupar su lugar. Esa estantería que, para ser sincero, tuvo una función principalmente ornamental en mi sala de estar durante mucho tiempo, más una obra maestra del desarrollo cultural que un utensilio. De repente veo esa estantería de nuevo, y ella a mí. Saco libros cuyos tomos me han mirado impasibles. Como una audiencia tácita e inmóvil. Estaban allí pero no me daba cuenta. Calibro los títulos, tienen una fina capa de polvo, el papel está amarillento aquí y allá, como el color de las fotos de parientes del pasados. Queridos olvidados, libros de escritores que jugaron un papel importante en otros períodos de mi vida, que ahora leo casi todos los días. Vuelvo a mis pasajes favoritos, releyendo historias que antes podía repetir de memoria. Me quedo gratamente dormido en un mundo literario del crepúsculo. A veces me sorbresalto por un momento, un vago zumbido en mi cabeza: ¿no debería hacer algo, moverme, tomar medidas…? No, falsa alarma, todo sigue en silencio afuera, nada exige mi atención, nada me atrae, tengo todo el tiempo para seguir leyendo. Aunque, por supuesto, en Lectura para Todos no estamos trabajando solo en nuestras estanterías. Como siempre, nos volvemos a aplicar la máxima: nuevos tiempos, nuevos desafíos. Y por supuesto queremos responder, con nuevas iniciativas como novedosos métodos de aprendizaje on line que, por supuesto, oportunamente será anunciado en nuestro portal de noticias en formato electrónico. Espero que tú también lo hagas. Que no solo vivas estos tiempos del coronavirus como algo difícil y molesto, sino que encuentres alguna ventaja en ello: la paz casi meditativa que de repente nos rodea. Y tal vez también vuelvas a descubrir tu estantería (ese mueble olvidado)y encontrar tiempo para pasear lentamente por tus libros favoritos del pasado.

Ralf Beekveld

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